Publicado en El Periodico
7/8/2009 LA RUEDA
por FRANCESC Escribano
No creo que pueda haber experiencia más brutal y deshumanizadora que vivir una guerra. Las cicatrices que dejan las guerras en el cuerpo y el alma de las personas que las sufren son eternas y la forma en que marcan el futuro de los pueblos que las protagonizan es definitiva. Seguramente no todas las guerras son iguales. Las hay malas y las hay peores. Entre estas últimas, las que dejan un rastro más profundo y duradero son las guerras civiles. Hace más de 70 años de la guerra civil española y aún no hemos acabado de pasar página. Se hace difícil cuando todavía hay familiares que remueven la tierra buscando a sus muertos para enterrarlos como es debido. Leyendo el libro de Javier Cercas Anatomía de un instante puede comprobarse hasta qué punto es imposible entender nada de lo que ha ocurrido en nuestro país en los últimos años sin tener en cuenta la guerra civil. El horror, la brutalidad y la desesperación que generó han marcado de forma única a las generaciones posteriores. Un miedo atávico y visceral anidó en el corazón de muchos, y solo por su poder inmovilizador se explica la mansedumbre con la que la población aguantó los 40 años de dictadura y la forma en que se construyó la transición a la democracia.
Para enterrar el miedo para siempre hay que abrir ventanas y dejar pasar el aire. Sin ánimo de venganza, pero llamando a las cosas por su nombre y mirando el pasado a la cara. Una forma de mirar el rostro de la guerra y redescubrirla es la exposición de Robert Capa y Gerda Taro en el MNAC. La historia hecha imagen y revelación. Otra es entrar en la web del Hagamos memoria. El MNAC y EL PERIÓDICO han pedido a la gente que evoque la guerra colgando en la web fotos particulares de la guerra civil. Una iniciativa similar sobre la segunda guerra mundial ya se hizo en EEUU e, incluso, generó una serie de televisión, The War, que Ken Burns realizó para la PBS. A través de las fotos que la gente ha colgado imaginamos todo lo que hay detrás:, una historia, un recuerdo, una vida... Exhibirlas públicamente es el mejor modo de compartir un dolor, de aceptar el pasado y de hacer las paces con nuestra guerra.
sábado, 8 de agosto de 2009
lunes, 15 de junio de 2009
SIEMBRA
Cuando de mí no quede sino un árbol
cuando mis huesos se hayan esparcido
bajo la tierra madre;
cuando de ti no quede sino una rosa blanca
que se nutrió de aquello que tú fuiste
y haya zarpado ya con mil brisas distintas
el aliento del beso que hoy bebemos;
cuando ya nuestros nombres
sean sonido sin eco
dormidos en la sombra de un olvido insondable;
tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,
como yo en el follaje del árbol
y nuestro amor en el murmullo de la brisa
¡Escúchame!
Yo aspiro a que vivamos
en las vibrantes voces de la mañana.
Yo quiero perdurar junto contigo
en la savia profunda de la humanidad:
en la risa del niño,
en la paz de los hombres.
en el amor sin lágrimas.
Por eso,
como habremos de darnos a la rosa y al árbol,
a la tierra y al viento,
te pido que nos demos al futuro del mundo...
MIGUEL OTERO SILVA.
VENEZUELA
cuando mis huesos se hayan esparcido
bajo la tierra madre;
cuando de ti no quede sino una rosa blanca
que se nutrió de aquello que tú fuiste
y haya zarpado ya con mil brisas distintas
el aliento del beso que hoy bebemos;
cuando ya nuestros nombres
sean sonido sin eco
dormidos en la sombra de un olvido insondable;
tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,
como yo en el follaje del árbol
y nuestro amor en el murmullo de la brisa
¡Escúchame!
Yo aspiro a que vivamos
en las vibrantes voces de la mañana.
Yo quiero perdurar junto contigo
en la savia profunda de la humanidad:
en la risa del niño,
en la paz de los hombres.
en el amor sin lágrimas.
Por eso,
como habremos de darnos a la rosa y al árbol,
a la tierra y al viento,
te pido que nos demos al futuro del mundo...
MIGUEL OTERO SILVA.
VENEZUELA
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